Secuencias y sobreentendidos (Diálogo IV)






A la iz­quier­da, X; a la de­re­cha, Z. El orden de Z, que rear­ma la se­cuen­cia en que se com­po­ne la ter­ce­ra parte de la ver­sión fíl­mi­ca de “El Señor de los ani­llos”, es cro­no­ló­gi­co y as­cen­den­te: pri­me­ro, el libro 2 con su (se­gun­da) mitad; des­pués, el libro 3 (sa­bien­do o so­bre­en­ten­dien­do que la pri­me­ra y la se­gun­da parte se hi­cie­ron cargo del libro 1 y de la pri­me­ra mitad del 2 –en ese orden). El orden de X, en cam­bio, es cuan­ti­ta­ti­vo y des­cen­den­te: va del en­te­ro («todo el libro 3...») a la frac­ción («...y la mitad del 2»).
A X sólo le in­tere­sa co­mu­ni­car cuán­to abar­ca de cada libro uti­li­za­do la ter­ce­ra parte. Ha­cer­lo im­pli­ca cam­biar na­tu­ra­le­za y di­rec­ción de la se­cuen­cia en juego, sin bus­car­lo y tal vez sin te­ner­lo pre­sen­te. Como sea, X so­bre­en­tien­de que la saga de “El Señor de los ani­llos” no al­te­ra el orden en que los su­ce­sos se dis­po­nen en los li­bros de Tol­kien.
Z, que no vio (al menos) la ter­ce­ra parte, duda entre en­ten­der­lo así o en­ten­der que el di­rec­tor tuvo la au­da­cia o la ocu­rren­cia de al­te­rar ese orden. No es un ex­pe­ri­men­to in­ve­ro­sí­mil –tal vez ya ni si­quie­ra sor­pren­den­te– para el cine ac­tual, pero igual­men­te Z se in­cli­na por lo pri­me­ro, sólo que para lle­gar so­li­ci­ta que le den un pe­que­ño em­pu­jón. Re­dun­do: Z pien­sa que de­be­ría que­dar­se con el orden cro­no­ló­gi­co in­ver­so al dado por X, que pre­ten­dió ha­cer­lo sólo cuan­ti­ta­ti­vo; pero antes de en­ca­rar o de ce­rrar la in­ver­sión de los tér­mi­nos, que es un tra­ba­jo, Z ne­ce­si­ta ase­gu­rar­se. (“La tuya es una frac­ción de duda, no una duda en­te­ra”, le diría X; más que in­da­gar –es decir, bus­car in­for­ma­ción–, Z pide con­fir­ma­ción.)
Para so­bre­en­ten­der lo que so­bre­en­tien­de, X ne­ce­si­ta su­po­ner que se puede saber cuán­ta ex­pe­ri­men­ta­ción na­rra­ti­va cabe es­pe­rar de una saga o de una pe­lí­cu­la que no se ha visto, o so­bre­en­ten­der que es tanta como la de cual­quier otra que se haya visto (a su favor, no es un pro­me­dio muy alto).

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