Puente




Un puen­te, ¿cosa de ar­qui­tec­tos o de in­ge­nie­ros?

Si tra­ba­jan en equi­po, el ar­qui­tec­to se ocupa de que el puen­te luzca y el in­ge­nie­ro de que no se caiga. Quien crea que esto úl­ti­mo es más im­por­tan­te que lo pri­me­ro, ni igual ni menos, puede que le re­pro­che al car­tel el haber aso­cia­do la rea­li­za­ción de un puen­te con el tra­ba­jo de un ar­qui­tec­to, y no con el de un in­ge­nie­ro, si tenía que ser uno u otro. ¿Por qué no ver en el puen­te
 Puen­te del Inca –Pro­vin­cia de Men­do­za, Re­pú­bli­ca Ar­gen­ti­na
una obra de in­ge­nie­ría na­tu­ral, antes que una ar­qui­tec­tó­ni­ca? ¿No es lo más común que pase, entre todas las veces que los hu­ma­nos hacen un puen­te?

El que vis­tió a la Na­tu­ra­le­za de ar­qui­tec­ta po­dría ale­gar que su com­pro­mi­so no era con el de­sig­na­dor que había en la línea de arri­ba, sino con lo de­sig­na­do. Y no para vol­ver a de­sig­nar­lo, sino para ca­te­go­ri­zar­lo. O tam­bién: no para iden­ti­fi­car­lo con una des­crip­ción nueva y mejor que la de “Puen­te del Inca”, sino para de­fi­nir qué (clase de cosa) es, cómo cla­si­fi­car­la: ¿efec­to for­tui­to, obra?; y si es obra, ¿de ar­qui­tec­tu­ra, de in­ge­nie­ría?

La de­sig­na­do­ra me­tá­fo­ra in­ge­nie­ril, que apela a lo fun­cio­nal (el puen­te está al ser­vi­cio del paso obli­ga­do del Inca), es pre-tu­rís­ti­ca. La ca­te­go­ri­za­do­ra me­tá­fo­ra ar­qui­tec­tó­ni­ca, que agre­ga lo es­té­ti­co, es hija del tu­ris­mo; habla de una obra a vi­si­tar y ad­mi­rar, ha­bien­do caído en desuso la cons­truc­ción prác­ti­ca que em­pe­zó sien­do y le dio el nom­bre (otra vez el juego entre lo prác­ti­co y lo es­té­ti­co).

Por lo demás, una Na­tu­ra­le­za es­té­ti­ca­men­te sen­si­ble da hu­mano mejor que una so­la­men­te hábil (tam­bién los cas­to­res cons­tru­yen di­ques y los hor­ne­ros nidos con in­te­rio­res, para no ha­blar de los ter­mi­te­ros y los pa­na­les). Por­que si a algo apues­ta ese car­tel para des­per­tar nues­tro asom­bro, es a sus­ci­tar nues­tra em­pa­tía hacia una obra no hu­ma­na: ten­der un puen­te entre lo na­tu­ral y lo cul­tu­ral, si se me per­do­na el opor­tu­nis­mo (la fi­gu­ra de una tra­duc­ción tam­bién ha­bría ser­vi­do).

En de­fi­ni­ti­va, el car­tel de la en­tra­da al pre­dio (em­pla­za­mien­to de orien­ta­ción: Usted está aquí) le dice al vi­si­tan­te o tu­ris­ta
 Iruya –Pro­vin­cia de Salta, Re­pú­bli­ca Ar­gen­ti­na
cómo se llama lo que vino a vi­si­tar, en qué con­sis­te y qué uso his­tó­ri­co tuvo. Un nom­bre, una eti­que­ta y una placa.

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